¿Existen los estilos de aprendizaje?

Quien más, quien menos habrá leído o recibido charlas alguna vez sobre los estilos de aprendizaje. Siempre tuve la vaga idea de que yo era muy visual y peor «auditiva», por el hecho de que era incapaz de aprender gran cosa escuchando una clase, pero sí conseguía aprender leyendo los apuntes tomados durante la clase.
Años después, comprobé con envidia que algunos colegas eran capaces de asimilar muchas ideas escuchando conferencias en congresos, mientras que yo me aburría como una ostra y salía igual que había entrado. Era obvio que debían existir diferencias entre ellos y yo a la hora de asimilar información. Cuando finalmente hace 1 año me encontré con las teorías sobre los estilos del aprendizaje, pensé que había encontrado la solución definitiva al misterio.
Pero cuál fue mi sorpresa cuando me encuentro con una revisión del tema de un autor británico (1) y me entero de que hasta la fecha existen más de 70 teorías sobre el aprendizaje, defendidas a capa y espada por otras tantas escuelas lideradas por un profesor o catedrático universitario. Muchas de estas teorías se acompañan de cuestionarios diseñados para determinar el estilo prioritario de aprendizaje del alumno que lo cumplimenta. Algunos de estos cuestionarios están disponibles sólo previo pago (vaya, vaya…).
¿Estáis pensado lo mismo que yo?
Cuando un fenómeno de estudio está explicado por una o dos teorías, es fácil que una de esas teorías sea ciertas. Pero cuando existen 70 modelos diferentes, sospecho que ninguno de ellos explica satisfactoriamente las diferencias cognitivas existentes entre personas.
Para poner un ejemplo práctico de una de estas teorías, vamos a conocer el modelo VARK, que es el más sencillo que conozco a fecha de hoy. Fue descrito por Neil Fleming y Colleen Mills en 1992 y se refiere a las modalidades sensoriales preferidas de cada persona.
  • V=visión
  • A=audición
  • R=lectura/escritura
  • K=kinestesia

Según la modalidad preferida se pueden interpretar las formas que adoptan, en cada persona, la conducta, el aprendizaje, la lectura y la  ortografía, la memoria, etc. Por ejemplo, las personas visuales prefieren usar instrucciones escritas, mapas conceptuales, diagramas, cuadros sinópticos; los auditivos prefieren instrucciones verbales, audios y debates. Los verbales, escritos de un minuto, composiciones literarias, diarios, elaboración de resúmenes, reseñas y síntesis de textos. Y los quinestésicos, juegos de rol y dramatizaciones, dinámicas grupales que requieran sentarse y ponerse de pie, manipulación de objetos para explicación de fenómenos y gestos para acompañar las instrucciones orales.

Esto parece encajar con mi percepción inicial. Yo soy preferentemente visual. Pero puede hacerse una primera crítica a este modelo: no tiene en cuenta las características del contenido que hay que aprender. Por ejemplo, en Medicina o en Fisioterapia, hay asignaturas diversas como la Anatomía, que precisa de mucho tiempo contemplando (visualmente) esquemas y dibujos anatómicos. Pero cuando hay que aprender habilidades clínicas como la palpación y exploración del miembro superior, tenemos que desplegar nuestras habilidades quinestésicas, y probablemente nos ayude igual de bien leer paso a paso cómo hacer una exploración, que ver un vídeo demostrativo. Es decir, el propio contenido define la modalidad sensorial que favorece el aprendizaje de ese contenido.

Según Daniel Willlingham, profesor británico especializado en psicología cognitiva, no se trata de que no existan diferencias entre personas a la hora de aprender, sino que no tienen tanta trascendencia como se cree. Es decir, cuando investigas cómo de bien aprende una persona en su modalidad preferida o en otra modalidad, no se han encontrado diferencias. La eficacia del aprendizaje es similar (2). Estamos hablando de investigaciones de laboratorio, bajo condiciones controladas.
Willingham cree que hay otros factores que pueden influir en lo que se aprende, y pueden ser incluso más importantes que el supuesto «estilo de aprendizaje» del alumno: por ejemplo, sus aptitudes (unos tienen buen oído musical; otros buena capacidad de dibujo, es decir, visuespacial); su motivación; y el conocimiento previo que ya tienen de un tema (3).
Algo similar opina Coffield (1), pero sí que afirma que conocer las teorías sobre estilos de aprendizaje ayuda realmente a profesores y estudiantes a reflexionar sobre su trabajo, y esa reflexión es beneficiosa para ambos. Como esa es mi intención con este blog, fomentar la reflexión y la mejora de nuestras capacidades y actitudes para el estudio, seguiremos hablando de estilos de aprendizaje. Aunque sean controvertidos.
¿CUÁL ES TU SENTIDO «FAVORITO» PARA ESTUDIAR? ¿CREES QUE REALMENTE ESTO ES IMPORTANTE?
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REFERENCIAS
1. Coffield y cols. Learning styles and pedagogy in post-16 learning. A systematic and critical review. Learning and Skills Research Centre, 2004. Descargable como pdf en la dirección http://sxills.nl/lerenlerennu/bronnen/Learning%20styles%20by%20Coffield%20e.a..pdf
Almudena Trinidad
almudena@dominalamedicina.com

Soy médico otorrinolaringóloga en un hospital de Madrid y Profesora Asociada de Medicina en la UAM. Ayudo a estudiantes de Medicina a desarrollar técnicas de estudio más eficaces para lograr mejores notas, recordar durante más tiempo y sentirse más seguros y felices con sus estudios.

7 Comentarios
  • Marcos
    Publicado a las 22:14h, 27 noviembre Responder

    Hola Almudena enhorabuena por tu blog!!!, yo creo que existen multitud de teorías de aprendizaje, como indicas, pero todas giran alrededor de lo mismo: la captación sensorial y el modelado de la información recogida a nuestro idioma. Más que orientar el aprendizaje a nuestros canales sensoriales preferidos, creo que habría que intentar cubrir con una mayor variedad sensorial la información a recoger, ya que los refuerzos «neuronales» por llamarlo así, facilitan una mayor retención y combinación de «autopistas» para acceder a esta informacion. creo que hay que complementar, en vez de seleccionar canales sensoriales.

    Por otro lado, al ampliar nuestros canales sensoriales, nos permite definir mejor nuestros modelos internos, lo que hace que nuestra información captada sea más precisa, con mayor detalle.

    El hecho de que haya tantas teorías, muestra que todavía estamos en pañales sobre el aprendizaje y sus misterios. Creo que todavía quedan muchas sorpresas por ver y descubrir 😉

    Gracias por la información.

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 19:01h, 28 noviembre Responder

      Pues sí, de hecho esa es una crítica que se hace a los estilos de aprendizaje, el riesgo de encasillar a la persona en su modalidad preferida y que pierdan la oportunidad de probar otras estrategias de adquisición de conocimientos.
      Gracias por pasarte y nos vemos también por tu blog!

  • Susana
    Publicado a las 21:41h, 01 diciembre Responder

    Existe algún tipo de inteligencia de procesos o de cadenas de conceptos? No sé muy bien cómo expresarlo, pero yo siempre he creído que era la mía. Entiendo muy bien los procesos como conjunto, por ejemplo, las rutas metabólicas, o los mecanismos de acción de fármacos o la fisiopatología y también me pasa fuera de la medicina como con la historia. Será inteligencia conceptual? El caso es que soy malísima memorizando pero se me da muy bien entender procesos. Lástima que con la medicina conforme se va avanzando de curso va teniendo más importancia lo de memorizar, más que nada porque la mayoría de procesos o mecanismos se desconocen en su totalidad y se van quedando en teorías, lo básico da paso a lo clínico, tan complejo que no se puede entender como una simple «cadena de acontecimientos» que siempre sucede igual y que puede extrapolarse. Cada individuo es único y eso lo complica todo mucho. Un saludo!!

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 13:51h, 04 diciembre Responder

      Pues me has pillado en un renuncio, porque no tengo ni idea… Llevo unos 6 meses leyendo sobre psicología cognitiva y no he encontrado hasta ahora ninguna referencia a lo que me comentas. Lo voy a investigar y ya te cuento si encuentro algo.
      Yo tampoco soy muy buena memorizando, no tanto como otros colegas. Tengo que repasar muy a menudo. Tampoco me desespero por eso, porque lo importante es saber qué necesito revisar, y llevo mis apuntes y recordatorios en Evernote (¿lo conoces?). Al menos sí recuerdo dónde tenía las cosas apuntadas… 🙂

      *Hablé de evernote en otro blog, en este enlace.

      • Susana
        Publicado a las 16:33h, 04 diciembre Responder

        Pues no lo conocía, pero la verdad es que me parece estupendo que exista, voy a ver qué tal me va. Muchas gracias!!

  • Karla
    Publicado a las 04:57h, 12 agosto Responder

    hola! me encanta la información que compartes pero quisiera saber si conoces alguna manera de mejorar la modalidad auditiva porque en verdad me hace sufrir 🙁

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 12:31h, 12 agosto Responder

      ¡Hola! Mw alegro de que te guste la información del blog.

      Yo me manejaba fatal en clase porque no asimilaba bien la información por vía auditiva. Lo que hacía era tomar apuntes, pero no todo lo que salía de la boca del profesor, porque entonces no aprendía NADA. Seleccionaba ideas y las iba anotando con mis propias palabras para luego completar en casa con lo que leía del libro, porque era mucho mejor lectora que oyente.

      Nada más terminar la clase, lee lo que has escrito, añade algún encabezado o alguna palabra que te falte, y así recuperas esas ideas que no eres capaz de fijar por vía auditiva.

      Importante: deja márgenes suficientes en tus apuntes para añadir información! Puedes usar la técnica de Cornell

      Un saludo 🙂

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