Críticas, poder, médicos y redes sociales

Al hilo del expediente disciplinario abierto a Mónica Lalanda, prometí ayudarla y apoyarla en redes sociales. Durante unos días he reflexionado sobre la cuestión, y aquí os traigo mis conclusiones. Un poco de ética y deontología médica, para variar dentro de este blog.

El problema de @mlalanda ha levantado ríos de caracteres digitales e incluso algunos impresos (Huffinton Post español y La Vanguardia, entre otros. Brevemente, se trata de una especialista en Urgencias que dejó su puesto de trabajo en 2016 en el hospital donde trabajaba y expuso sus razones en su blog. Meses después, su Colegio de Médicos le ha abierto expediente disciplinario para estudiar si merece una reprimenda por su actuación, y también nos ha contado lo ocurrido en esta otra entrada de su blog.

Mónica Lalanda dibujada por ella misma

Mónica Lalanda dibujada por ella misma

Los profesionales que se van

Hasta aquí, nada extraño. Estoy segura de que todas las semanas algún médico deja su puesto de trabajo por desavenencias con la jefatura y/o la dirección del centro. Expondrán sus razones al jefe, a la dirección, y allá donde quieran escucharles, ya que los seres humanos necesitamos sentirnos comprendidos. En los meses siguientes, si visitan reuniones y congresos de la especialidad, les contarán su versión de los hechos a sus colegas de profesión. Todo normal, hasta aquí. Yo he sido testigo de este tipo de conversaciones, en las que alguien se queja de su jefe, y recibe el guiño cómplice del interlocutor, muchas veces con verdadera simpatía. Como digo, los seres humanos necesitamos sentirnos apoyados, y no dudamos en contar nuestros sufrimientos, grandes o pequeños, y no dudamos en pedir simpatía y apoyo.

Los jefes son humanos

Los jefes de Servicio son personas que aciertan y yerran. Uno siempre sueña con que su propio jefe tenga más de lo primero que de lo segundo… Seguramente los propios jefes piensan que aciertan mucho más a menudo de lo que fallan. Y puede que no siempre sea así. Ser jefe de Servicio hoy en día significa aceptar trabajar con las limitaciones presupuestarias del sistema público de salud. Acudir a reuniones con Dirección y recibir sus directrices. Planificar la actividad y decidir a quién asignarla. Y sobre todo, decidir hasta qué punto obedecer a la dirección del centro y hasta qué punto escuchar a sus subordinados (ambos bandos suelen estar en posiciones enfrentadas).

¿La persona que manda debe aceptar críticas?

La eterna pregunta. Cuando diriges a personas, y surge una crítica, sienta fatal. Yo lo sé porque he sido tutora de residentes durante cerca de 8 años. La primera vez que un residente sugirió que podía estar equivocada, me dejó paralizada. Y reflexionando durante varios días. Por un lado, la indignación porque alguien hubiera cuestionado mi capacidad. Por el otro, las dudas sobre mi actuaciones y mi formación.

El ex-Jefe de Servicio de @mlalanda debió de sentirse muy molesto cuando comprobó que, debido a la magia de las redes sociales, la queja de Mónica era leída por más de 10.000 seguidores, y no sólo por unas pocas decenas de colegas aquí y allá. Es una situación novedosa y solamente podría haberse equiparado si hubiera contestado a sus quejas en un foro similar. Pero resulta que hacerse con un auditorio virtual de miles de personas lleva su tiempo y su esfuerzo…

Como tutora herida en su orgullo, contesté a mis residentes críticos que podían elevar sus quejas a la Comisión de Docencia del hospital. Como en las semanas posteriores no me contactaron de dicha Comisión, me di por respaldada. Seguramente no llegaron a poner una queja formal. Mónica sí lo hizo en su hospital. Nunca le contestaron. Quizás eso sea un respaldo para su ex-Jefe, ¿no? Continuar en tu puesto a pesar de una fuerte crítica a tu forma de actuar es sin duda una ratificación en tus méritos.

¿Critican a la persona o sus actos?

Después de la segunda y siguientes críticas a mi persona como tutora de residentes, llegué a la conclusión de que no estaba recibiendo una crítica a toda mi persona, sino a ciertas actuaciones concretas como tutora. Eso me ayudó a reflexionar sobre esas actuaciones, y sobre si podía realizarlas de mejor manera o de forma más justa. Añadí algunos cambios que aumentaron el peso de otros adjuntos en las notas finales de los residentes, para que no pesara más mi opinión.

El problema es que, en países como el nuestro, llevamos fatal recibir críticas. En otros lugares como Inglaterra, donde trabajé hace años, existen formaciones específicas para tutores para enseñarles a dar “feed-back” a sus alumnos en formación. Es tan delicado hacer esto a otro ser humano que se necesita ser muy cuidadoso y seguir un orden milimetrado. En una formación online de ese país recomendaban enunciar primero las buenas actuaciones del evaluado, y a continuación las “áreas de mejora”.

Verdaderamente, como dijo el tío de Spiderman, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. El poder de calificar a colegas en formación conlleva la responsabilidad de intentar hacerlo bien. Y yo añadiría que también hacerse una piel algo más gruesa, para no ahogarnos a la primera crítica negativa.

“¡Mamá, mi hermano me ha llamado g… y lo que sigue!”

Mi hermano era 15 meses más joven que yo. Siempre estuvimos muy cercanos en responsabilidades caseras y en ciertos aprendizajes. Comenzamos a usar insultos gruesos casi al mismo tiempo (a mis 7-8 años). En cuanto a uno se le escapaba una palabrota, corría disparado hacia nuestra madre para hacer la pertinente acusación. Y mi madre, con toda su paciencia, acudía a regañar al infractor.

Seguro que tú que estás leyendo esto recuerdas qué satisfacción más grande sentías cuando tu madre daba su merecido castigo a un hermano que te había ofendido. ¡Ja! ¡Chúpate esa! Si mi hermano recibía una regañina, me pasaba el resto del día pavoneándome (y mi hermano, rabiando), disfrutando de esa gloriosa sensación de sentirme respaldada y defendida por la “autoridad”.

Hasta que un día me empecé a quejar (otra vez) de otra palabrota que me había soltado mi hermano. “Mamá, Javier me ha llamado g… y lo que sigue” (sí, me llamó gilipollas). Mi madre dijo “Eso está mal, no se dice eso a tu hermana“, pero me pareció que había sido tibia en su castigo. Así que seguí insistiendo “¡Pero es que me ha llamado eso!” “¡Mamá, es que me lo ha llamado! ¡¡Regáñale!!“. Hasta que mi santa madre se hartó y me dijo “¡¡Bueno, y qué si te lo ha llamado! ¡No le hagas caso y punto!!

¡Alucinante! ¡Ese día descubrí que no siempre iba a recibir venganza! Mi madre, sin darse cuenta, me enseñó algo importante en ese momento: que no siempre recibirás la satisfacción de ver castigado a quien te ha ofendido. Y de ahí deduje que siempre habría alguien que podría insultarte o decirte algo ofensivo, pero que no había que recoger ese guante forzosamente, sino seguir adelante. Que había que fabricarse piel de elefante, vaya.

Colegios de Médicos y quejas de colegiados

No he tenido apenas contacto con autoridades colegiales, por lo que todo lo que ahora escribo son suposiciones mías.

Supongo que los códigos de conducta médicos intentan evitar que pongamos verde a un colega delante de pacientes porque eso trae muchos perjuicios a la evolución médica de ese paciente, y a la convivencia profesional. Sobre criticarnos unos a otros en privado, en la confianza de una conversación íntima, no creo que ningún Colegio crea que puede actuar. Como dije arriba, el ser humano necesita expansión, soltar tensiones, y sentirse apoyado.

Supongo que al Colegio de Médicos de Segovia todo este asunto se le está “haciendo bola”, o como mínimo, incómodo. El ex-Jefe ha puesto una reclamación que ha sido atendida. La ex-adjunta ha puesto otra pero no ha seguido el mismo curso. Las opiniones vuelan como flechas a través de Twitter, en la prensa médica española, y seguro que en foros más tradicionales. En el momento de escribir esto, parece ser que hay intentos de mediación y cruzo los dedos para que den resultado.

Supongo que ambos protagonistas del  sienten que necesitan ser vengados, ver al otro castigado, reprobado, regañado, corregido. Aunque ahora mismo, la única persona que se enfrenta al riesgo de no poder ejercer la medicina en su provincia por un periodo de hasta 1 año es Mónica.

Veremos cómo termina, pero yo me pregunto…

¿De verdad los Colegios de Médicos tienen que actuar como padres/madres cuando un colega vierte críticas negativas sobre alguna parcela de nuestra labor profesional?

¿Está proporcionado que ese Jefe se sienta tan ofendido porque le han dicho que es demasiado autoritario en la gestión de personal?

¿Es correcto usar los términos “tiranía” y “cortijo” para definir un estilo de gestión autoritario? ¿Mónica estará arrepintiéndose de haberlos usado, porque puedan considerarse ofensivos?

¿Qué ocurrirá al final? ¿No le basta a ese Jefe con seguir siéndolo y así verse respaldado por la dirección de su hospital? ¿Será suficiente para Mónica sentirse defendida y bien considerada por casi todo twitterland, si al final es expedientada?

De verdad os digo que no me gustaría ni un pelo estar en la piel de los médicos colegiados que deben decidir sobre el expediente que nos ocupa. Porque lo de “cortijo” y “tiranía” me hace sentir incómoda, pero conozco a Mónica, aprecio su talento como ilustradora y autora, y deseo de corazón que no le castiguen, porque no creo que lo merezca.

¡Colegio, mi colega me ha llamado tirano en redes sociales!“… ¿y ahora qué?

¿Has vivido alguna vez algún conflicto ético similar en tu Facultad como estudiante, en conflictos con compañeros o con profesores? Me encantaría leer tu opinión en los comentarios de abajo.

 

Almudena Trinidad
almudena@dominalamedicina.com

Soy médico otorrinolaringóloga en un hospital de Madrid y Profesora Asociada de Medicina en la UAM. Ayudo a estudiantes de Medicina a desarrollar técnicas de estudio más eficaces para lograr mejores notas, recordar durante más tiempo y sentirse más seguros y felices con sus estudios.

3 Comentarios
  • Juan Antonio Alonso
    Publicado a las 22:31h, 07 febrero Responder

    Muy acertada visión del asunto. Es incomprensible que el Colegio de Segovia persista en su intención de castigar a la Dra Lalanda por una entrada a un blog con un tono critico (suave para mí) y sin que nombre a nadie. Quien se de por aludido por algo será. Por otra parte, considerar un email como documento injurioso público es absurdo (o malintencionado) por parte del colegio. Que un jefe de Servicio denuncie porque se siente aludido con ese blog habla por sí mismo de ese jefe. Que el presidente del colegio tramite la denuncia y abra expediente, crea muchas dudas sobre su objetividad en el caso e idoneidad para su cargo.

  • Miguel
    Publicado a las 09:10h, 08 febrero Responder

    Hola Almudena! Muchas gracias por escribir sobre este tema. Me ha gustado particularmente los similes que has usado en cada parte y el análisis detallado de los distintos aspectos.

    Coincido contigo en la dificultad de criticar en nuestra cultura. Lo noto especialmente en el Feedback. Es algo que suelo pedir mucho, y noto que las personas se ponen incómodas porque lo ven como “criticar”. Dice mucho que en español no exista una palabra que defina bien el concepto. Quería aportar una visión que no has mencionado en tu post, y es la de mejora de calidad de sistemas y seguridad del paciente.

    Por el post y lo que se de Monica estoy convencido que las críticas no las hizo llegar por primera vez a través del post. Lo que es posible y probable que haya pasado es que no hayan sido atendidas, o el famoso “ya lo miraremos”. En su caso muchas de las cosas que decía eran sobre el sistema, con un impacto directo sobre la seguridad de los pacientes. Debe ser muy frustrante y estresante estar trabajando y saber que tus pacientes están en peligro por el sistema de atención, y que no haya mecanismos o estos no responden a la hora de paliar estas deficiencias.

    Coincido contigo en que los artículos del código deontologico hacen referencia a la crítica médica, no de gestión o manejo del servicio. También coincido contigo en la sensación que podría haber tenido el jefe. Los que creo que está claro es que hay una intención de tapar no solo la crítica al jefe, sino la crítica al sistema en si. No hay más que ver el ímpetu que pusieron en desmentir la situación de urgencias en ruedas de prensa.

    Como resumen, creo que como sanitarios tenemos el deber primordial de garantizar unos sistemas de salud equitativos y seguros para nuestros pacientes, y que este deber desbanca, siempre que sea imprescindible y se hayan agotado los otros cauces, el de “no generar polémica pública”.

  • Mercedes Biosca
    Publicado a las 17:34h, 16 febrero Responder

    Una exposición muy acertada. Reconozco la descripción de la dualidad de la jefatura, bajo las directrices de la Dirección Médica y como líder de un equipo,cuya opinión también merece ser escuchada.Hay que trabajar en ese,no siempre posible, equilibrio.
    A mi juicio,el detonante es la repercusión mediática del blog de la Dra Lalanda y la cuestión es si el expediente como medio de defensa y desagravio, atenta a la libertad de expresión. Debemos ser controlados, juzgados y amonestados por nuestras publicaciones en RRSS, por expresar nuestra opinión desde el respeto? Pues así sucede impunemente…. Lamentable. Cómo bien expresas ser ” influencer” es fruto de tiempo y saber ganar la popularidad y no todo el mundo cuenta con ese respaldo, temible y poderoso. En cualquier caso, deseo que el expediente sea sobreseido y así también crearemos precedente.

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