Subrayar. Técnicas de estudio 1/8.

Con este inicio una serie de posts que van directamente al meollo del trabajo del estudiante: a las técnicas de estudio. Pero también al meollo de cualquier profesional que necesita actualizarse continuamente.

Al estudiante universitario las habilidades de estudio “se le suponen”, como el valor al soldado (1).

Pero, ¿cuándo aprendió esas habilidades? ¿Se adaptan sus habilidades al entorno universitario?

Si tengo que hablar por mi experiencia y por la de otros, los principios son duros. Llegas de pelearte con exámenes de unos cuantos temas, 40 ó 50 páginas de un libro a lo sumo, y de repente te enfrentas a libros enteros llenos de una jerga totalmente nueva para ti y a asignaturas que exigen una forma enteramente diferente de estudiar. Anatomía, embriología, fisiología, histología. Hojas y más hojas llenas de esquemas y figuras marcados con el más mínimo detalle.

Es como si pasaras de ir en bicicleta a conducir una moto sin clases de conducir previas. No todos se adaptan fácilmente.

SUBRAYAR TEXTO: UN CLÁSICO IRRENUNCIABLE

Aún estoy por encontrar el primer estudiante que no subraye sus apuntes o sus libros. Sea con gruesos rotuladores fosforescentes, con lápices, o con un triste bolígrafo, el paisaje de los apuntes universitarios está plagado de líneas de colores.

Seguro que cualquiera que esté leyendo este artículo recuerda ese compañero/a entusiasta que maneja los rotuladores ágilmente sobre sus apuntes en la biblioteca. Puede que incluso sea el propio lector el aficionado a los colores.

No es extraño: toda guía de técnicas de estudio aconseja al estudiante que subraye los conceptos importantes que va encontrando en el texto. Está demostrado en múltiples estudios que es más fácil recordar lo que se ha marcado (2).

Además, es fácil de hacer, se aprende rápidamente y no exige mucho más tiempo del que necesitas para leer.

¿Por qué subrayar debería, en teoría, funcionar?

  • Porque usa el “efecto de aislamiento”: dentro de una lista de palabras, es más fácil recordar aquella que se distingue semánticamente de las demás, o que pertenece a otra lengua (p. ej. “coche” en una lista de nombres de animales).
  • Porque, antes de subrayar, es necesario comprender todo el texto para decidir qué palabra o frase deben ser marcadas, y esto implica un trabajo activo sobre el material que después habrá que recordar.

¿Entonces, subrayar es bueno? No está nada claro…

SUBRAYAR NO OFRECE NINGUNA VENTAJA POR ENCIMA DE, SIMPLEMENTE, LEER EL TEXTO

Esta es la conclusión a la que llegan Dunlosky y cols (3) en una revisión publicada en 2013. Es una conclusión demoledora, pero por sí misma no cambia vidas. La he leído más de una docena de veces y todavía sigo subrayando el texto de esta revisión mientras lo leo y aprendo más sobre esta técnica y muchas otras…

Yo tampoco puedo renunciar...

Yo tampoco puedo renunciar…

La mayor parte de los estudios demuestran que los resultados en posteriores pruebas y exámenes son similares en sujetos a los que se les permite subrayar y aquellos que solamente leen el texto sobre el cual se van a examinar.

Vamos a ver los motivos por los que subrayar puede perder su eficacia cognitiva.

1. Exceso de subrayado: Si te pasas marcando texto, no consigues recordarlo tan bien. Empiezas a no distinguir una frase subrayada de otra y pierdes las ventajas del “efecto de aislamiento”. Además, subrayar mucho texto es más pasivo, cognitivamente hablando, que subrayar poco. Si subrayas mucho, no estás seleccionando, no estás procesando tan bien la información.

Los angloparlantes llaman “jaundiced text” al exceso de subrayado en ese mítico amarillo fosforescente que todos hemos usado alguna vez. (*ictericia: coloración amarillenta de la piel y mucosas debida a un aumento de la bilirrubina en sangre que acaba acumulándose en los tejidos)

2. Selección inadecuada de lo marcado: cuanto más dominas una materia o un conjunto de disciplinas, mejor utilizas la técnica del subrayado. Los estudiantes noveles tienen más dificultades para decidir qué es lo importante (Eso puede explicar una observación puramente personal: yo subrayaba mucho más texto cuando estaba en 1º de carrera que cuando llegué a 3º y 4º de Medicina. ¿Por mayor madurez, por mayor conocimiento de las materias médicas?).

También es importante la motivación. En un estudio en el que se premiaba con dinero a los sujetos de experimentación que mejores notas sacaran, los que tenían permitido subrayar conseguían la mejor puntuación (y el premio), al contrario que los que solo leían.

3. Pérdida de conexiones entre conceptos: saber a qué tipo de examen te enfrentas puede ser crucial a la hora de decidir si subrayar o no: En un estudio de 1992 se observó que subrayar un texto de historia ayudaba a contestar mejor las preguntas sobre datos, pero no las que obligaban a hacer inferencias. En este caso, subrayar resaltaba los conceptos, pero impedía procesar las conexiones entre los conceptos. Parece que subrayar se adapta mucho mejor a los exámenes tipo test (respuestas múltiples) que a las preguntas con respuesta corta.

4. Pérdida de oportunidad: para Dunlosky y cols, subrayar no es perjudicial por sí mismo, es decir, no impide aprender. Pero sí puede ocupar un tiempo que podría dedicarse a estrategias más productivas.

5. Ilusión de competencia: existe el riesgo de que el estudiante crea que ha aprendido la materia porque “ya ha subrayado”. Esto no debe darse por sentado. Todos hemos tenido la experiencia de haber memorizado conceptos y procesos tras haber leído y subrayado los apuntes, pero esto se debe probablemente a la facilidad de la materia en cuestión o a que estábamos especialmente alertas en esa ocasión.

El problema reside en que subrayar es relativamente fácil y por tanto puede ser un proceso pasivo, y no siempre da lugar al mismo resultado, esto es, comenzar a memorizar.

ENTONCES, ¿QUÉ HACER? MIS CONSEJOS

Llevo unas semanas reflexionando sobre el tema y comentándolo con estudiantes de Medicina de varios cursos. Algunos han intentado seguir los consejos de los expertos y subrayar menos, aunque no lo han conseguido, al menos de entrada. Casi todos coinciden en una cosa: no piensan renunciar a subrayar.

Y si rebusco en mi persona, me doy de narices con la evidencia de que he subrayado no pocas frases del artículo de Dunlosky. He marcado las conclusiones, pero es cierto que de esa forma me costaba algo más leer el texto no marcado, donde también hay comentarios interesantes.

¿Qué te recomiendo?

  1. Perfecciona tus técnicas: no subrayes en exceso. Intenta limitar el subrayado a una frase como máximo por párrafo. Si sientes la necesidad imperiosa de subrayar más, detente y simplemente recita en voz alta lo que te parece importante. Eso también te ayuda a fijar ideas.
  2. Utiliza el material que se adapte a ti: los colores vivos y fosforescentes pueden fatigar la vista después de largas horas estudiando. Son los materiales más espectaculares y entretenidos de utilizar (y ya sabemos que en la época de exámenes uno está deseando entretenerse con lo que sea), pero no son imprescindibles. Un simple lápiz de dos colores (azul y rojo) o incluso de grafito puede ser suficiente.
  3. No subrayes por subrayar: ya hemos visto que colorear texto no significa que lo hayas memorizado. Si percibes que estás cansado/a y no estás interiorizando lo que estás marcando, déjalo y limítate a leer. El subrayado erróneo puede confundirte más que facilitarte el estudio ulterior. En vez de eso, motívate cambiando la estrategia de estudio: lee mientras caminas, toma un poco de té o café (si es temprano, recuerda cómo debes usar la cafeína) , sal a la calle a dar una vuelta rápida a la manzana (activa la circulación cerebral), o elabora unas cuantas tarjetas de repaso (flashcards).
  4. Prueba y decide: no me creas a mí ni creas a Dunlosky a pies juntillas. Su fantástica revisión nos ha proporcionado una valoración de la evidencia científica disponible, pero cada estudiante es un mundo. Las técnicas de estudio están a TU servicio y no al revés. Haz la prueba y usa lo que te funciona aquí y ahora.

 

 ¿Y TÚ, ERES PRONADOR O SUBRAYADOR? DEJA TU EXPERIENCIA EN LOS COMENTARIOS

Otras entradas sobre técnicas de estudio:

REFERENCIAS

  1. http://www.misionaprendizaje.com/valor-se-le-supone/
  2. Lorch RF. Text-signaling devices and their effects on reading and memory processes. Educational Psychology Review 1989;1:209-234.
  3. Dunlosky J, Rawson KA, Marsh EJ, Nathan MJ, Willinghamd DT. Improving students’ learning with effective learning techniques: Promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest 2013;14:4-58.
Almudena Trinidad
almudena@dominalamedicina.com

Soy médico otorrinolaringóloga en un hospital de Madrid y Profesora Asociada de Medicina en la UAM. Ayudo a estudiantes de Medicina a desarrollar técnicas de estudio más eficaces para lograr mejores notas, recordar durante más tiempo y sentirse más seguros y felices con sus estudios.

7 Comentarios
  • Marian
    Publicado a las 08:24h, 23 marzo Responder

    La verdad es que yo soy una subrayadora, totalmente. Soy casi incapaz de enfrentarme a unos apuntes que están sin subrayar, ya que su lectura se me hace muy monótona, y además el hecho de subrayarlos me hace estar concentrada en lo que estoy leyendo, ya que si solamente leo hay veces que acabo pensando en mis cosas mientras mis ojos siguen leyendo los apuntes. Puede que no haya un beneficio claro en el subrayado, pero para mi el simple hecho de que me mantenga concentrada me parece un beneficio importante.
    Es verdad que caemos en el exceso de subrayado, y quizás en eso si podría trabajar. A veces lo que hago si veo que necesito subrayar demasiado es utilizar un rotulador o un color más vistoso para lo más super importantísimo y lo demás lo subrayo con un boli o una pintura más clarita, no destaca tanto pero me quita la subrayitis aguda que me entra a veces.
    Gracias por los consejos!
    Un saludo y buena semana.

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 20:06h, 24 marzo Responder

      ¡Gracias a ti por comentar!
      La verdad es que, a fecha de hoy, estoy a favor de que cada estudiante use la técnica que le vaya bien, aunque la evidencia científica disponible no lo aconseje. Eso sí, recomiendo encarecidamente que probéis todas las que existen, porque merece la pena revisar los propios métodos. Pero si subrayar te va bien, adelante.
      ¿Has probado las tarjetas (flashcards)?

      • Marian
        Publicado a las 21:25h, 24 marzo Responder

        Si! Lo comenté por twitter (soy @Marianazul92 en twitter pero para los comentarios del blog twitter se me queda corto!). La verdad es que funcionan. Yo siempre solía hacerme resúmenes, pero esto bastante más efectivo (y rápido!).

  • Aurora López Llames
    Publicado a las 14:09h, 03 abril Responder

    Muy buena entrada, me encanta tu blog. La verdad es que cada vez subrayo menos, señalo algo, conceptos nuevos…
    Otra cosa es que cada vez estoy más acostumbrada a resaltar texto en los pdf. Es de utilidad cuando vuelves después sobre el mismo tema, unas semanas o unos meses más tarde.
    Un abrazo,
    Aurora

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 19:14h, 11 abril Responder

      Yo también resalto texto en los pdf de los artículos, porque ahí sí que me interesa marcar 2 ó 3 ideas interesantes. Pero cuando son libros, no siempre subrayo. Los subrayados a veces me dificultan la lectura.
      Gracias por pasarte y comentar.

  • castillos hinchables Murcia
    Publicado a las 09:38h, 28 mayo Responder

    ¿Quién no subraya hoy en día?. Si hasta los lectores de .PDF te permiten subrayar en colores!!!. Muy buen post, aunque pensaba que iba a tener tecnicas de subrayado 🙂

    • Almudena Trinidad
      Publicado a las 10:24h, 30 mayo Responder

      Pues no sería mala idea hablar de alguna técnica concreta, pero cuando lo escribí pensé que era algo muy personal y que los lectores del blog (estudiantes adultos) no iban a cambiar de colores ni técnica. Lo más importante es insistir en que no nos pasemos subrayando, porque así nos obligamos a leer con más atención y seleccionar mejor.
      Sin embargo, hay una idea que me contó un estudiante de Medicina de mi Facultad, que consistía en usar colores diferentes a enfermedades y fármacos según a qué sistema u órgano perteneciera, o según qué nervio craneal o antibiótico estuviera asociado a lo que estuviera estudiando. Para él era infalibre. Por ejemplo, todo aquello que pudiera tratarse con terramicina iba marcado en amarillo, porque las pomadas de terramicina tienen ese color. Las penicilinas en azul, etc. Otra estudiante usaba colores para distintos órganos: todo lo relacionado con el pulmón iba marcado en azul por su asociación con el aire o la atmósfera.
      En resumen, hay que intentar asociar de múltiples formas lo que estudiamos.

      Gracias por comentar!

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